
¡Vaya, vaya! Parece que Amazon se ha acordado de que a veces queremos compartir ese libro que nos ha volado la cabeza. Sí, sí, has leído bien, Kindle permite prestar libros. Pero no te emociones demasiado, que aquí no regalan duros a cuatro pesetas. Primero, que no todos los títulos se pueden prestar, porque claro, los autores (o sus editores, que a veces son más listos) deciden si tu amigo se lucra con tu gusto lector. Luego, tienes una ventana de 7 días para que tu colega sea mínimamente receptivo, y el préstamo en sí dura unos 14 días. ¡Menuda odisea para compartir un puñado de bytes! Si pensabas que esto era una puerta abierta a la piratería legal, olvídate. Esto es más bien un guiño tímido al 'compartir es vivir' que Amazon te concede bajo su estricta supervisión. ¿Útil? Sí, un poco. ¿Revolucionario? Ni de lejos. Pero bueno, al menos ya sabes que si te sobra un libro y tu cuñado es un ansias, tienes una vía (aunque algo tortuosa) para que le llegue. Y sí, la imagen del Kindle con su caja es adorable, casi tanto como la idea de que esto vaya a cambiar el mundo editorial. La utilidad real por encima de la marca, siempre.
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